Técnicos asistentes y técnicos invitados

Muchas veces puede que nos encontremos en nuestro trabajo como técnicos de sonido (o de luces) con la función de asisir a otro técnico, esto es, hacer de técnicos asistentes. Con esto me refiero al momento en el que el técnico de un artista viene a trabajar con un equipo del que nosotros, como trabajadores de una empresa de sonido e iluminación profesional, somos los responsables en ese momento.

Esto es muy frecuente, por ejemplo, si estamos trabajando como técnicos de FOH en un festival: los grupos que traigan técnico propio (pueden ser todos o ninguno, normalmente depende del nivel de los grupos) necesitarán de nuestra asistencia. Si estamos trabajando en una sala de conciertos, lo mismo. Y viceversa, si estamos de gira con algún grupo, en todos y cada uno de los conciertos nos encontraremos (normalmente) con un técnico que deberá asistirnos.

Aclarado el concepto de técnico asistente, voy a lo que quería referirme en este artículo, que son las relaciones entre el técnico asistente y el técnico invitado.

Normalmente parto de una premisa cuando soy yo el técnico asistente: Intento facilitar las cosas al técnico invitado de la misma forma que me gustaría que me las facilitasen a mi cuando yo estoy en el otro lado de la situación.

Esto te puede parecer de sentido común, pero la verdad es que en ocasiones las cosas no son tan sencillas…

Lo primero que hago ante un bolo en el que viene un artista con técnico es revisar el rider, y una vez repasado y comprobado que no hay problemas (o que si los hay) me pongo en contacto con el técnico: “Hola, soy xxx, el técnico que va a estar en P.A. el día tal…” y le informo de si está todo ok, le pregunto si tengo dudas, etc. Además, suelo confirmar el rider, porque muchas veces me llegan riders antiguos y luego acabo echando líneas que no se usan “si, el cantante ya no toca la acústica, pero no me he acordado de corregir el rider”, o cosas similares. También le suelo preguntar si va a traer una sesión suya ya configurada para la mesa de FOH (en el caso de mesas digitales, claro), sobre todo por la posible compatibilidad entre versiones de las mesas.

Una vez hecha esta toma de contacto, yo ya tengo una información precisa de lo que me voy a encontrar el día del concierto.

Cuando llega el momento de las pruebas de sonido, me gusta tener la mesa configurada y nombrada (en el caso de que nadie vaya a traer una sesión hecha) y el equipo ajustado y sonando adecuadamente. Si conozco el equipo y/o la sala, le podré dar indicaciones que le pueden ayudar (esta sala suena de tal manera, estos monitores chillan mucho en 2khz, etc)

Y una vez que le entrego los mandos de la nave (aunque algunos la cogen sin preguntar… por favor, hay que pedir permiso antes de tocar el material ajeno), procuro estar siempre disponible para cualquier necesidad que le surja.

No creo que sea nada del otro mundo, pero a mi me han pasado cosas tan absurdas como que el técnico asistente se marche durante las pruebas de sonido y ya no vuelva, o que me presente yo ante el técnico de una famosa sala de conciertos y lo único que me dice, mientras apura su cerveza acodado en la barra del bar es “ahí tienes la mesa”…

Por supuesto no es lo normal, hay gente muy profesional (bastante, afortunadamente) y que es un placer trabajar a su lado (muy grande Rafa de la sala Lemon de Madrid, al lado de la Castellana. Eso si es dar un servicio de calidad a todos los grupos/técnicos que pasamos por allí y se agradece de verdad).

Recuerdo también a un técnico de luces de un artista muy potente que nada más llegar nos dijo: «Hola, qué tal. Me llamo xxx y he venido aquí a dos cosas: a ganar dinero y hacer amigos», una buena y clara presentación.

Y sobre todo, por favor, amabilidad y buenos modales. No cuesta nada llegar, saludar, pedir permiso antes de tocar el material ajeno y al finalizar despedirse y dar las gracias por el trabajo a los técnicos locales. Así todos trabajaremos más felices.

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