La mezcla en sonorizaciones en directo.

Cuando uno estudia para aprender a realizar sonorizaciones en directo, se enseña a utilizar múltiples equipos de sonido. Es importante tener claro cómo funcionan los aparatos que utilizamos para trabajar. Es fundamental tener conocimientos de los fundamentos del sonido, de acústica, de señales…
También debemos tener claros conceptos como estructura de ganancia, saber cómo funcionan los procesadores de frecuencia, dinámica, tiempo… Y dedicamos mucho rato a cuestiones relacionadas con la fase, el ajuste y la optimización de sistemas.

Y sin embargo, en ocasiones, nos olvidamos de lo fundamental: La mezcla.



Introducción a la mezcla.

Si hablamos de grabaciones en estudio, la mezcla es un factor importantísimo (evidente: primero grabamos y luego mezclamos). Pero en las sonorizaciones en directo, en ocasiones, se pierde un poco la perspectiva: Diseñamos el sistema de sonido, hacemos predicciones, se monta, se optimiza, se instala el monitorado, se posicionan los micrófonos elegidos cuidadosamente, se hace el bolo y desmontamos.
Y eso tan sencillo de “hacer el bolo” o “sonorizar el concierto” es, realmente, un proceso de mezcla muy complejo que, como todo, se debe de aprender a desarrollar. Además, hay que aprender a hacer la mezcla rápidamente, pues las pruebas de sonido en directo tienden a ser rápidas.

En estudio, podemos llegar a tener cierto margen horario para completar la mezcla (en ocasiones, en el estudio, si no nos encontramos con el día inspirado, podemos cancelar la sesión y seguir mezclando en otro momento). Pero en el directo no hay segundas oportunidades: hay que sacarlo adelante sí o sí.

Evidentemente, todos los conocimientos que hemos nombrado al principio del artículo nos van a ayudar a hacer la mezcla (si no sabemos cómo funcionan nuestras herramientas, no conocemos los principios básicos del sonido y no tenemos el sistema bien ajustado, sería difícil sacar la mezcla adelante). Pero cuando nos ponemos delante de la mesa de mezclas y tenemos al grupo en el escenario, tendríamos que ser capaces de responder a la siguiente pregunta: ¿Cómo debe sonar?

Y aquí entran en juego múltiples cuestiones. La primera es que las mezclas son una cuestión subjetiva. Pon a 100 técnicos de sonido a mezclar al mismo grupo y tendrás 100 mezclas diferentes. Algunas te gustarán más y otras menos, pero seguramente todas serán válidas, al menos para el que la ha hecho.

Cuanto más gusten, mejor. En un concierto con mucho público es complicado satisfacer el criterio de mezcla de todos los espectadores. Pero deberíamos intentar satisfacer a la gran mayoría. Básicamente, porque si tu mezcla (que para ti es estupenda) no le gusta a nadie, normalmente no durarás mucho en este trabajo…

La otra cuestión, totalmente cierta, es que a mezclar se aprende mezclando. Cada uno debe seguir su propio proceso de aprendizaje, escuchar, corregir, tomar decisiones y equivocarse. Por mucho que leamos cuestiones teóricas que nos puedan ayudar, tenemos que pasar horas y horas mezclando para ir mejorando nuestra técnica. Yo, en este artículo, simplemente escribo sobre algunos aspectos que creo que son importantes a la hora de plantear una mezcla.

¿Cómo debería sonar?

Para empezar, siempre que podamos, deberíamos tener información sobre lo que vamos a sonorizar. Saber qué tipo de música hacen, y tener cierta cultura musical.

De nada nos va a servir que un grupo nos diga que hace jazz si no hemos escuchado jamás jazz. Así que para mi, el primer paso es escuchar música de todo tipo, o por lo menos tener un concepto mental de cómo suenan diferentes estilos musicales.

Y puede parecer una tontería, pero es algo fundamental. Imagina hacer sonar un bombo con mucho click  o pico (reforzando la alta frecuencia) para el grupo de jazz que hemos nombrado antes. Seguramente no funcionaría. Pero ese bombo en una banda de metal podría encajar muy bien.

Recuerdo una ocasión en que me tocó sonorizar a Bassekou Kouyate & Ngoni Ba. Músicos de Mali, con instrumentos artesanales. Me enviaron el rider, y prácticamente no conocía ninguno de los instrumentos que traían. Evidentemente, eso demuestra que no soy ningún experto en música africana, así que durante los días anteriores al concierto estuve escuchándome su discografía para poder hacerme una idea de cómo debería sonar su música. Me parecía una obligación hacerlo, porque si no ¿cómo voy a saber plantear la mezcla? Por cierto, en esa ocasión muchos músicos tocaban distintos tipos de n’goni, una especie de guitarra/laud/arpa que suena muy interesante.

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Bassekou Kouyate y su ngoni. Fotografía de Richard Kaby.

Algo fundamental también es escuchar la fuente que vamos a sonorizar. Súbete al escenario y escucha, si tienes alguna duda. En un principio, yo soy de la teoría que debemos capturar el sonido del escenario y llevárselo a los oyentes sin producir grandes cambios en la fuente sonora.

A menos que nos lo pida el músico, ¿quiénes somos nosotros para cambiar radicalmente un sonido?

 

Planos y frecuencias.

De acuerdo, ya sabemos qué tipo de música hace la banda que sonorizamos, e incluso hemos escuchado los instrumentos desde el escenario. ¿Qué hacemos ahora?

Pues ahora quizás puede ser un buen momento de plantearse los planos de la mezcla. Si tenemos, por ejemplo, una banda de rock con batería, bajo, guitarra y voz ¿en qué plano vamos a poner cada uno de esos elementos?

Es evidente que no podemos posicionar todo en el mismo plano sonoro. La mezcla trata, entre otras cosas, de eso: Algún elemento tiene que estar más alto y otros más bajos.

Y en frecuencias pasa lo mismo: hay que repartir. Tenemos, en el mejor de los casos, de 20 Hz a 20Khz (siempre será menos) para distribuir nuestras señales. Si pretendo que todas compartan el mismo rango de frecuencias, se producirá nuestro querido fenómeno de enmascaramiento.

Por esto, considero un error intentar que se escuche todo al mismo nivel. Debemos mezclar, tomar decisiones, subir y bajar, dando viveza a la canción.

Por tanto, toca repartir, y ecualizar escuchando el conjunto.

En cierta manera, yo me planteo la distribución de frecuencias realizando un mapa mental, donde visualizo los distintos elementos sonoros y los distribuyo en el espectro frecuencial. La experiencia me ayuda a delimitar dónde puede estar cada elemento, y reviso con detalle los que pueden chocar con más facilidad entre sí al compartir rangos frecuenciales parecidos.

Por ejemplo, un bombo y un bajo. Sus frecuencias fundamentales comparten el rango de graves, por lo que siempre aplico ecualización escuchándolos a la vez, buscando conseguir que empasten entre ellos sin llegar a confundirse.

Para los planos, además de niveles, utilizo también ecualización (cuanto menos agudos más atrás suena), dinámica (cuanto menos ataque también más atrás suena) y reverberación. La combinación de todos estos procesos es lo que me permite crear mejores planos sonoros.

Reducir el ataque y la alta frecuencia de una señal para enviarla más atrás en la mezcla es algo que funciona.

Para explicar el tema de los planos en la mezcla, os recomiendo especialmente el libro “The Art of Mixing”, de David Gibson.
Principalmente, por los gráficos como estos en los que explica la distribución de los elementos sonoros en función del tipo de música:

Posibles planos de mezcla en una Big Band. Fuente: The Art of Mixing

Posibles planos de mezcla en un tema de reggae. Fuente: The Art of Mixing

Como se puede apreciar en las imágenes, diferentes estilos implican diferentes planos de mezcla.

¿Mono o Estéreo?

La gran pregunta en cuanto a la mezcla en directo se refiere. Y mi respuesta es generalmente mono. Digo generalmente porque normalmente, en el mundo del sonido no hay una respuesta que sea válida siempre a una misma pregunta. Os pongo un ejemplo: ¿Cómo debemos ecualizar la voz? Pues depende de muchos factores: ¿Qué voz? ¿Capturada con qué micrófono? ¿Reproducida por qué sistema? ¿Dentro de una canción? ¿Qué tipo de canción? Si concretamos, podremos opinar. Pero evidentemente no podemos dar una respuesta válida en todas las situaciones.

Pues volviendo al tema del mono, o del estéreo, mi respuesta es que casi siempre mezclo en mono, o abriendo muy poco los panoramas. Principalmente porque el público está repartido a lo largo de todo el espacio y casi nadie va a estar posicionado en una zona de escucha idónea para el estéreo.

Echadle un ojo al siguiente gráfico, donde se aprecia en qué posiciones de una sala grande tendremos una buena imagen estéreo, y pensado cuánta gente está situada normalmente dentro de la posición idónea y cuánta gente se queda fuera.

Hay un artículo muy interesante de 6o6 McCarthy traducido por José Luis Díaz que podéis consultar al respecto sobre el estéreo en directo, de hecho la imagen de arriba está sacada de allí.

La única posibilidad de conseguir una sensación de estéreo importante en directo es cruzando muchísimo el sistema de P.A, de tal forma que se solapen las zonas de cobertura. El daño colateral es que generamos un filtro de peine importante y necesitamos más cantidad de equipo para cubrir a todo el público. Por lo tanto, prácticamente siempre, mis mezclas son bastante mono (aunque como todo, siempre hay excepciones).



Condimentando con efectos

Finalmente, termino de preparar la mezcla con los procesadores de efectos que me permiten, en cierta manera, rematar ese proceso artístico, dándole el toque final.

Como punto de partida utilizo una reverb corta y una larga para los planos, y muchas veces añado una reverb plate y un delay para darle ese pequeño toque de magia, normalmente sutil y poco evidente, que sin embargo lleva la mezcla a un nivel superior.

Evidentemente, los efectos cambian en función del tipo de música, del espacio acústico donde nos encontremos o incluso en función de la canción, pues no todo sirve para todo. Antes de las pruebas de sonido, me gusta probar los efectos con mi voz o con una grabación previa que tenga en el ordenador. Esto me permite elegir de forma más precisa el tipo de efecto que necesito en el espacio donde me encuentro, y ajustar cosas como el tiempo de caída o el predelay.

Las reverbs hall también me resultan de utilidad, dependiendo del tipo de espacios. Y aplicar delays muy cortos con cierta alteración en la afinación es algo que también utilizo en ocasiones para engordar algunos sonidos.

También me es muy útil ecualizar e incluso a veces comprimir los retornos de los efectos, y tener los parámetros de modificación de los efectos muy a mano. Para esto, suele ser especialmente útil las teclas de acceso rápido que suelen llevar hoy en día casi todas las mesas de mezclas digitales y de las que ya hablé en este otro artículo.

 

Conclusiones

Me gusta pensar que en la mayoría de las veces nuestro trabajo de mezcla en las sonorizaciones en directo es tan sencillo (y a la vez, tan complicado) como capturar las señales del escenario de la forma más fiel a la original y dárselas al público con un poco (muy poco) de elaboración. Creo que en cierta manera la mezcla de audio es como la cocina, si procesamos todo demasiado pierde la gracia.

Y creo también que los mejores resultados se obtienen primero pensando qué queremos hacer y después actuando y aplicando los procesos necesarios para llegar a nuestro objetivo. Puede parece obvio, pero observo a muchos alumnos empezar a mezclar tocando ecualización o dinámica, y cuando les pregunto qué quieren conseguir con ese procesador no saben qué decir.

Si tenemos una imagen mental del sonido que queremos obtener, siempre será mucho más fácil llegar a buen puerto.


Si os ha servido el artículo, u os ha parecido interesante, agradeceríamos que lo compartiéseis o comentáseis 🙂

 

6 comentarios
  1. adrian
    adrian Dice:

    mu buen artículo!
    Respecto al estereo o mono, en una masterclas de bufor jones, el si que jugaba bastante con el estereo, incluida la batería. el argumentaba que cuando vamos a un concierto de música clásica, la posición nuestra en la sala y la de los músicos hacen de panorama, y habia que tratar a un grupo amplificado como algo similar.

    En mi opinión depende qué y como son, me viene mejor usar ese recurso o no.

    Responder
    • Jorge Sastrón
      Jorge Sastrón Dice:

      Hola Adrián, como bien dices siempre depende. En mi caso desde luego que no puedo decir que nunca panoramice. El problema que se plantea es que si el público no está dentro de la cobertura de L y R, puede resultar peligroso hacer según que tipo de panoramizaciones.

      Responder

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